Con teléfonos en mano y millones de seguidores en línea, cientos de influencers católicos se congregaron esta semana en el Vaticano, convocados como parte del “Jubileo de la Juventud”. El evento, respaldado por el Papa León XIV, busca convertir las redes sociales en un nuevo territorio de evangelización.
Una de las protagonistas es la hermana Albertine, una monja francesa de 29 años con más de 320 mil seguidores en Instagram. Desde sus videos en abadías hasta transmisiones en vivo desde la Basílica de San Pedro, afirma que las redes son hoy el terreno ideal para propagar la fe.
El Vaticano, que durante años fue cauto con el uso de estas plataformas, ahora las ve como una herramienta clave para acercarse a jóvenes alejados de los templos, y adaptarse a una era digital marcada por la inteligencia artificial y la hiperconectividad.
Durante el encuentro, el Papa León ofició una misa e instó a los creadores a no solo generar contenido, sino crear “encuentros entre corazones”. Advirtió que la sobreexposición digital puede distorsionar la verdad, por lo que pidió equilibrio, autenticidad y cercanía con el mensaje cristiano.
“El gran influencer es Dios”, declaró el cardenal filipino Luis Antonio Tagle, una de las voces más influyentes del Vaticano en línea. Recordó a los presentes que más allá de los algoritmos, el objetivo es compartir la palabra con sentido y responsabilidad.
No solo religiosos participan en esta nueva misión digital. También laicos como Francesca Parisi, educadora italiana de 31 años, usan plataformas como TikTok para mostrar una fe moderna, cercana y accesible, apuntando especialmente a quienes se alejaron de la Iglesia.
El sacerdote Giuseppe Fusari, con 63 mil seguidores, mezcla arquitectura religiosa con reflexiones espirituales. Dice que “si todo el mundo está en redes, nosotros también debemos estar ahí”, y defiende que mostrar la fe desde diferentes ángulos también puede conectar con nuevas audiencias.
Para el Vaticano, el mensaje es claro: la evangelización no está reñida con la tecnología, y los “misioneros digitales” tienen hoy un rol central para sembrar fe en plataformas donde millones buscan respuestas.



