martes, 29 septiembre, 2026
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Fe, tambores y sincretismo: República Dominicana celebra el Día de San Miguel Arcángel

Jaime Rincon
 Cada 29 de septiembre, las calles del emblemático barrio capitalino de San Miguel se transforman en el epicentro de una de las manifestaciones religiosas y culturales más vibrantes del Caribe. Cientos de devotos, vestidos de rojo y verde, acuden desde las primeras horas del día a la parroquia San Miguel Arcángel para pagar promesas, encender cirios y rendir tributo al guerrero celestial que vence al demonio.

El fervor en el templo y la calle

La jornada combina solemnidad eucarística con fiesta comunitaria. Mientras en el interior del templo colonial se celebran misas abarrotadas y se elevan cánticos litúrgicos, en el parque y los callejones aledaños la devoción toma una dimensión popular y sincrética.
En la religiosidad popular dominicana —vinculada a las 21 Divisiones—, San Miguel se sincretiza con Belié Belcán Toné, un misterio protector de gran jerarquía asociado a la justicia y la defensa contra el mal. Por ello, los rituales callejeros mezclan:
  • El toque de atabales y salves: Los palos y tambores marcan el ritmo conmemorativo a lo largo de toda la jornada.
  • Ofrendas tradicionales: Tabaco encendido, tragos de ginebra o ron, flores rojas y velas de cera blanca o roja como muestra de gratitud por favores concedidos.
  • El atuendo bicolor: La feligresía viste pañuelos, vestidos y camisas en tonos rojo y verde, colores insignes de la entidad espiritual.

Solidaridad barrial y tradición viva

Más allá de los rituales místicos, la festividad mantiene vivo el sentido de vecindad. Familias locales y cofradías organizan repartos de comida típica —como moro de guandules y chivo guisado—, panes y dulces bendecidos para los asistentes y personas en situación de vulnerabilidad, cumpliendo votos hechos por salud o prosperidad.
Al caer la tarde, la procesión con la imagen del arcángel recorre las calles coloniales entre vítores de «¡Viva San Miguel!», reafirmando una tradición centenaria donde convergen la herencia hispánica y las raíces africanas en el corazón de Santo Domingo.
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