Corren en cuatro patas, usan máscaras de perro o gato y se graban saltando en patios, parques y escuelas. Lo que para muchos parece solo una moda extraña en TikTok es, para otros, una forma profunda de expresar quiénes son: se identifican como “therian”, personas que sienten una conexión espiritual o psicológica con un animal específico.
El término viene de “therianthropy”, una palabra que combina raíces griegas para “bestia” y “ser humano”, y que originalmente describía figuras mitad animal, mitad persona en mitologías y relatos antiguos. En los años noventa el concepto empezó a tomar forma en internet, cuando usuarios de foros y chats comenzaron a compartir la sensación de “ser” un animal por dentro, aun sabiendo perfectamente que su cuerpo es humano.
De subcultura oculta a fenómeno viral
Durante años, la comunidad therian fue un grupo pequeño que se movía en rincones muy específicos de la red, o foros privados de Reddit. Allí se discutían experiencias, se acuñaban términos y se construía un lenguaje interno para hablar de “shifts” (cambios de estado), “theriotypes” (la especie con la que se identifican) y formas de convivencia.
Con la llegada de plataformas como Tumblr y luego TikTok, esa conversación dejó de ser invisible y se volvió contenido público, fácilmente compartible y replicable. Hoy el “rostro típico” del therian en el imaginario colectivo ya no es un adulto que escribe en foros, sino un adolescente que graba videos haciendo “quadrobics” (desplazarse en cuatro extremidades) con una máscara de animal.
En América Latina, el término ha ganado fuerza especialmente en países como Argentina y Uruguay, donde videos de jóvenes que ladran, maúllan o usan orejas y colas se han viralizado y han detonado un intenso debate social. Esa ola digital, amplificada por memes, reacciones y coberturas informativas, se ha extendido a México y otros países de la región, donde empiezan a organizarse reuniones presenciales en plazas, universidades y parques.
Un fenómeno en construcción
Como ocurre con otras identidades y subculturas juveniles, la historia de los therians sigue escribiéndose en tiempo real, a la velocidad de las redes sociales. Lo que hoy se percibe como una moda podría, en algunos casos, quedarse en una etapa pasajera; en otros, se integrará de manera duradera en la biografía de quienes se reconocen como parte de esta comunidad.
Mientras tanto, el desafío para familias, escuelas y profesionales es doble: escuchar a los jóvenes sin descalificar de entrada su manera de nombrarse, y al mismo tiempo ofrecer marcos de referencia claros sobre bienestar, límites y convivencia. Entre ladridos, saltos y máscaras de animal, lo que está en juego no es solo una tendencia viral, sino nuevas formas en que las generaciones más jóvenes ensayan quiénes son en un mundo que ya no se entiende sin internet.



