El líder de los derechos civiles en Estados Unidos y dos veces candidato a la presidencia, el reverendo Jesse Jackson, ha muerto a los 84 años. La noticia fue confirmada por su familia, que explicó que falleció en paz, rodeado de sus seres queridos.
«Su compromiso inquebrantable con la justicia, la igualdad y los derechos humanos contribuyó a dar forma a un movimiento global por la libertad y la dignidad», señaló la familia Jackson. «Incansable agente del cambio, elevó las voces de quienes no la tenían, desde sus campañas presidenciales en los años ochenta hasta la movilización de millones de personas para inscribirse en el censo electoral, dejando una huella indeleble en la historia».
«Nuestro padre fue un líder volcado al servicio, no solo de nuestra familia, sino también de las personas oprimidas, silenciadas y olvidadas en todo el mundo. Lo compartimos con el mundo y, a cambio, el mundo se convirtió en parte de nuestra familia ampliada.»
El comunicado añadía que «su fe inquebrantable en la justicia, la igualdad y el amor dio fuerza a millones de personas, y les pedimos que honren su memoria manteniendo viva la lucha por los valores que guiaron su vida».
No se comunicó de inmediato la causa de la muerte, aunque Jackson fue hospitalizado en noviembre para recibir tratamiento y regular la tensión arterial, y estaba bajo observación por una parálisis supranuclear progresiva (PSP), «un trastorno neurológico poco frecuente que afecta a los movimientos corporales, la marcha y el equilibrio, y a los movimientos oculares», según el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de Estados Unidos.
En 2017 anunció que le habían diagnosticado la enfermedad de Párkinson.
Nacido el 8 de octubre de 1941 en Greenville, Carolina del Sur, Jackson alcanzó notoriedad en los años sesenta como dirigente en la organización de derechos civiles Southern Christian Leadership Conference, liderada por Martin Luther King.
En 1965 se sumó a la marcha por el derecho al voto que King encabezó entre Selma y Montgomery, en Alabama. King lo envió a Chicago para poner en marcha Operation Breadbasket, una iniciativa de la Southern Christian Leadership Conference destinada a presionar a las empresas para que contrataran a trabajadores negros.
Jackson estaba con King el 4 de abril de 1968, cuando el líder de los derechos civiles fue asesinado en el motel Lorraine de Memphis, Tennessee. Según el relato de Jackson, King murió en sus brazos.
Puso en marcha dos organizaciones de justicia social y activismo, Operation PUSH (siglas de People United to Save Humanity) en 1971 y la National Rainbow Coalition años después. Defendió, dentro y fuera de Estados Unidos, a las personas pobres y desatendidas en cuestiones que iban desde el derecho al voto y el acceso al empleo hasta la educación y la sanidad.
Logró victorias diplomáticas con dirigentes de todo el mundo y, a través de su Rainbow/PUSH Coalition, llevó las demandas de orgullo y autodeterminación de la comunidad negra hasta los consejos de administración, presionando a los directivos para convertir Estados Unidos en una sociedad más abierta y equitativa.
Cuando proclamaba «I am Somebody», verso de un poema que repetía a menudo, trataba de llegar a personas de todos los colores.
«Puedo ser pobre, pero soy alguien; puedo ser joven, pero soy alguien; puedo vivir de las ayudas sociales, pero soy alguien», entonaba Jackson. Era un mensaje que se tomaba de forma literal y personal, él que había pasado de la oscuridad en el sur segregado a convertirse en el activista de derechos civiles más conocido de Estados Unidos desde King.
A pesar de los problemas de salud de sus últimos años, Jackson siguió protestando contra la injusticia racial ya en la era de Black Lives Matter. «Incluso si ganamos, es alivio, no victoria. Siguen matando a nuestra gente. Detened la violencia, salvad a los niños. Mantened viva la esperanza», dijo a los manifestantes en Mineápolis antes de que el agente cuya rodilla impidió respirar a George Floyd fuera condenado por asesinato.
Donald Trump respondió a las protestas, la mayor ola de disturbios en Estados Unidos desde los años sesenta, amenazando con enviar al Ejército. Jackson advirtió que eso solo provocaría «una respuesta masiva».
«Tendremos que ir a la cárcel, resistiremos», dijo entonces a ‘Euronews’. «Nuestra democracia no puede dejar paso a un Estado policial». En 2024 participó en la Convención Nacional Demócrata en Chicago y en una reunión del Ayuntamiento de Chicago para respaldar una resolución a favor de un alto el fuego en la guerra entre Israel y Hamás.
Al reverendo Jackson le sobreviven su esposa, Jacqueline, sus hijos Santita, Jesse Jr., Jonathan, Yusef, Jacqueline y la hija Ashley Jackson, además de varios nietos.



