De acuerdo con los investigadores, todo se habría iniciado con un comentario discreto difundido por un promotor musical en el Caribe: en vez de esperar años para obtener una cita de visa hacia Estados Unidos, existía la posibilidad de conseguirla en apenas dos semanas en la embajada estadounidense en República Dominicana. El requisito: 10,000 dólares en efectivo y un supuesto contacto confiable dentro de la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos.
La acusación penal hecha pública el miércoles identifica a ese contacto como Meliton Cordero, supervisor de la DEA destinado en República Dominicana durante los últimos cinco años. Los fiscales alegan que utilizó su posición en la embajada para agilizar trámites de visa, certificando que los solicitantes eran fuentes relevantes para investigaciones antidrogas, incluso cuando —según la investigación— no los conocía.
Durante su asignación, Cordero habría tramitado o aprobado cerca de 120 recomendaciones de visa, una cifra que funcionarios consulares describieron como inusualmente elevada ante los investigadores.
Su arresto la semana pasada en Washington, en el marco del proceso judicial en curso, llevó a la administración de Donald Trump a ordenar el cierre inmediato de la oficina de la DEA en la nación caribeña, calificando el caso como una grave traición a la confianza pública.
La DEA no ha detallado las imputaciones, aunque informó que colabora con las autoridades. Tras divulgarse la detención, el administrador de la agencia, Terry Cole, envió un mensaje interno señalando que el cierre sería temporal y que la institución debía preservar su reputación, destacando que la mayoría de sus agentes actúa con integridad. “No se permitirá que un cargo público sea utilizado para beneficio personal”, indicó.
Por su parte, Jeanine Pirro, fiscal federal del Distrito de Columbia, publicó un video en el que afirmó que el acusado habría afectado la política migratoria de la Casa Blanca y sugirió que algunas personas beneficiadas podrían no haber cumplido los requisitos para ingresar a Estados Unidos. Advirtió que ninguna posición oficial garantiza impunidad.
Los intentos por obtener declaraciones de Cordero no tuvieron éxito. Tampoco respondió el abogado que lo representó en su audiencia inicial. El acusado fue dejado en libertad bajo palabra y deberá comparecer nuevamente ante el tribunal el 6 de marzo.
La operación encubierta
Según la denuncia —que imputa cargos de soborno y fraude migratorio— agentes de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI) recibieron los primeros indicios a través de un exempleado de la embajada que luego trabajaba en consultoría de visas. En 2024, un promotor musical le habría facilitado el correo electrónico de Cordero, asegurando que podía reducir el tiempo de espera a cambio de 10,000 dólares, la mayor parte pagadera después de la entrevista consular.
El promotor no es identificado por nombre en el expediente y es descrito únicamente como un agente y promotor musical con trayectoria en República Dominicana que previamente había gestionado visas de forma legítima.
En diciembre, los investigadores organizaron una operación encubierta utilizando una segunda fuente confidencial que presentó una solicitud real. Capturas de mensajes de WhatsApp incluidas en la denuncia muestran que el promotor envió la imagen de un pasaporte a un contacto registrado como “Milito Clara”, número que los investigadores vinculan al teléfono de Cordero en la embajada.
Tras regresar de las vacaciones navideñas, Cordero habría emitido una recomendación oficial a nombre de otro agente de la DEA, describiendo al solicitante como colaborador en investigaciones antidrogas, afirmación que la fuente aseguró era falsa. Posteriormente, presuntamente instruyó al solicitante a mantener una versión fabricada sobre cómo se conocieron y los supuestos pagos recibidos por información.
El 27 de enero, la fuente encubierta —siguiendo instrucciones de las autoridades— acudió al estacionamiento de un supermercado en Santo Domingo con 7,000 dólares restantes. Equipos de vigilancia observaron la llegada de una Toyota Prado negra. La fuente ingresó al vehículo con una bolsa que contenía el dinero y salió minutos después con su pasaporte, que ya incluía una visa estadounidense.
Según la declaración jurada del investigador de HSI Robert Tansey, Cordero no descendió del vehículo. Sin embargo, cámaras de seguridad de la embajada lo habrían captado saliendo del complejo en la misma camioneta poco antes del encuentro. Más adelante, la fuente lo identificó en una rueda fotográfica.



