domingo, 26 abril, 2026
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Canciller Álvarez diserta en Amchamdr y defiende posición de RD sobre el canal de Haití

El ministro de Relaciones Exteriores (Mirex), Roberto Álvarez, volvió a defender la posición de la República Dominicana ante el conflicto generado en torno al canal que construye Haití, a los fines de desviar las aguas del río Masacre.

Durante su discurso como orador invitado en el almuerzo de la Cámara Americana de Comercio (Amchamrd, por sus siglas en inglés), el canciller detalló que desde la llegada de la presente administración, que encabeza el presidente Luis Abinader, siempre se buscó la manera de continuar las buenas relaciones con el vecino país.

“Desde que llegamos al Gobierno, promovimos un acercamiento con su Gobierno. Mi primer viaje oficial, en octubre de 2020, fue a Haití. Asimismo, el presidente Abinader, promovió un encuentro con su homólogo Jovenel Moïse el 10 de enero de 2021”, explicó el diplomático.

Roberto Álvarez recordó que de esos encuentros surgieron una serie de acuerdos que apuntaban a continuar fortaleciendo los lazos de cooperación, así como también mantener un clima social y ambiental entre ambas naciones.

Sin embargo, a raíz de la muerte del presidente haitiano Jovenel Moise, en julio del 2021, se produjo un lamentable punto de quiebre, tanto a lo interno de Haití como en las relaciones bilaterales con la República Dominicana.

Sostuvo que debido a que la comunidad internacional mostró cierta apatía ante el rompimiento del orden democrático en el país, el presidente Luis Abinader comenzó una cruzada pidiendo la intervención de una fuerza que restablezca el orden en el vecino país y que además ayude a rescatar la paz del país, ya que una gran parte de su territorio está controlado por bandas.

“El Gobierno dominicano siempre ha postulado que la solución a la crisis de Haití sólo puede surgir de un diálogo amplio y de buena fe entre los propios haitianos. A la vez, hemos sostenido que corresponde a la comunidad internacional apoyar a Haití en la creación de las condiciones necesarias para este diálogo”, agregó.

El canciller dominicano dijo que gracias a la labor diplomática de la República Dominicana, se lograron aprobar en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) varias resoluciones que apuntan a que los haitianos recobren su orden.

Sin embargo, pese a las buenas acciones del Gobierno dominicano, que pregona el funcionario, fueron paralizadas debido a las pretensiones de Haití para construir un canal trasvase, lo que encontró de frente la oposición del Estado dominicano.

Fue claro en afirmar que el Gobierno jamás se opondría a que el vecino país se beneficie equitativamente de las aguas del referido afluente, pero de forma racional, tal y como lo establecen los tratados binacionales.

Roberto Alvarez ofreció estas declaraciones durante el discurso central del almuerzo de Amchamdr. A continuación el discurso ítegro: 

Discurso del Excelentísimo Señor Roberto Álvarez, ministro de Relaciones Exteriores de República Dominicana 

El pasado año estuve ante esta Cámara presentando el programa de política exterior del Gobierno del Cambio y su puesta en ejecución en los primeros dos años.

Expliqué los tres ejes de esta política: Primero, la protección de los dominicanos en el exterior; segundo, el fomento de las exportaciones y atracción de la inversión extranjera; y, tercero, la defensa y promoción de los valores democráticos y los derechos humanos. Y añadí que, para el avance de estos tres ejes, era necesario profesionalizar, modernizar y transformar nuestro personal y las instituciones del ministerio.

En esta ocasión, reflexionaremos sobre los tres aspectos más relevantes de este momento: las relaciones con Haití y con Estados Unidos, que son las de mayor impacto político, social y económico; además, una visión panorámica de la proyección actual en la arena regional e internacional.

Un componente esencial de la política exterior de un país es su política nacional, por lo que debo resaltar que el gobierno que encabeza el presidente Luis Abinader, ha generado un profundo cambio dando un nuevo giro a la política y la sociedad dominicanas.

Este gobierno inició su gestión en medio de una crisis sin precedentes y tuvo la entereza y la madurez para fortalecer el Estado de derecho respetando las libertades públicas y los derechos fundamentales. Esta gestión ha garantizado la independencia del Ministerio Público y la no interferencia en la impartición de justicia. Igualmente, ha aplicado las políticas sociales y económicas requeridas

para promover una recuperación económica en tiempo récord, y ha dado continuidad a las políticas de Estado que gozan del debido consenso social.

Esto refleja la madurez del liderazgo político dominicano, y sobre todo la sensatez del presidente. Luis Abinader ha mostrado ser, en mi criterio, el líder idóneo para los críticos momentos que nos ha tocado vivir, y que, todo indica, se extenderán en el tiempo.

Afortunadamente hemos implementado el programa de política exterior en ese contexto de maduración y ello ha sido un factor de impulso que ha elevado las relaciones internacionales dominicanas a un nuevo estadio, cuestionando y revisando viejos postulados e imprimiendo un nuevo dinamismo a nuestro rol regional y en los organismos multilaterales.

Este año ha sido de grandes retos y logros importantes. Abordemos primero la relación con Haití que es el tema palpitante y de mayor impacto.

  1. Haití en un punto de inflexión

Tanto para la política interna como para la política exterior, el tema haitiano es y ha sido de importancia capital y parte esencial del interés nacional dominicano. Por eso, en nuestro plan de gobierno, perfilamos una política exterior que favoreciera la buena vecindad entre las dos naciones.

Desde que llegamos al gobierno, promovimos un acercamiento con su gobierno. Mi primer viaje oficial, en octubre de 2020, fue a Haití. Asimismo, el presidente Abinader, promovió un encuentro con su homólogo Jovenel Moïse el 10 de enero de 2021. En este encuentro, se acordaron nueve temas que apuntaban a fomentar los lazos económicos, sociales y ambientales entre ambas naciones.

Sin embargo, el asesinato del presidente Moïse significó un lamentable punto de quiebre, tanto a lo interno de Haití como en relaciones bilaterales, impuestas por la inestabilidad imperante. A pesar de la consternación generalizada, la comunidad internacional mostró cierta apatía ante la espiral de violencia detonada en Haití por este trágico suceso.

Esta indiferencia llevó a que el presidente Abinader denunciara el estado de violencia y anomia que se vivía en Haití y reclamara enérgicamente la urgente necesidad de atención a esta situación, en su dramático discurso ante la Asamblea General de la ONU de septiembre de 2021.

El Gobierno dominicano siempre ha postulado que la solución a la crisis de Haití sólo puede surgir de un diálogo amplio y de buena fe entre los propios haitianos. A la vez, hemos sostenido que corresponde a la comunidad internacional apoyar a Haití en la creación de las condiciones necesarias para este diálogo.

República Dominicana promovió militantemente la permanencia de la Misión Integrada de Naciones Unidas en Haití (BINUH), y que el Consejo de Seguridad aprobara una Fuerza Multinacional de Asistencia a la Policía Nacional Haitiana, para restaurar el orden y establecer el imperio de la ley.

La tesonera labor diplomática desplegada por República Dominicana en estos dos años finalmente dio sus positivos frutos con la aprobación por el Consejo de Seguridad de las resoluciones 2645 (2022), 2653 (2022), 2692 (2023) y 2699 (2023). Estas cuatro resoluciones son esenciales al sentar las bases para que los haitianos avancen por ellos mismos en la solución de su crisis.

Quiero resaltar brevemente, los aspectos más significativos de estas resoluciones:

Primero, se creó un comité de sanciones contra las personas y organizaciones que financian las pandillas. En los próximos días el Consejo de Seguridad aprobará la primera lista de sancionados;

Segundo, se promulgó un embargo de armas y municiones hacia Haití; y,

Tercero, se creó una Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad en Haití, liderada por Kenia y con el apoyo de por lo menos otras once naciones.

Las medidas adoptadas por estas resoluciones son la antesala para que Haití inicie un proceso de cambio profundo. Corresponde a las élites haitianas colocarse a la altura de la responsabilidad histórica con su pueblo. Tienen ya las experiencias previas, incluyendo los aciertos y desaciertos de la comunidad internacional, para de una vez por todas retomar la construcción de un Estado moderno y estable.

Quiero ser enfático, reiterando que Haití está frente a una coyuntura única. Para eliminar el embrión de las pandillas y recuperar la estabilidad del país, esas élites deben avocarse irremediablemente a tres tareas fundamentales: primero, restaurar la paz, la seguridad y el imperio de la ley, segundo, favorecer la inversión pública y privada para un desarrollo inclusivo, y tercero, apoyar la consolidación de la institucionalidad democrática, creando una administración de justicia independiente, un órgano electoral estable y funcional, y frenos y contrapesos efectivos.

El pueblo dominicano aspira a que las élites haitianas asuman esa tarea, de forma tal que nuestros países puedan construir una relación armoniosa, productiva y mutuamente beneficiosa. Estamos convencidos de que la inestabilidad política y el vacío de poder que allí se han producido, han distorsionado el debido ordenamiento de la relación bilateral.

Esto nos lleva a reflexionar sobre el lastimosamente célebre canal que se construye de manera ilegal y unilateral sobre el río Dajabón.

Como conocen hemos publicado una cronología sobre este tema, que no voy a repetir aquí. Desde el inicio el Gobierno dominicano se opuso a la construcción de esa obra por las siguientes razones:

  •                   No es un canal de riego, como se informó a la Comisión Mixta Bilateral, es un canal de trasvase, lo cual no solo viola el derecho internacional y el Tratado de Paz y Amistad Perpetua y Arbitraje de 1929, sino también el espíritu de ambos que prohíben obras que cambien la corriente de un río sin acuerdo previo.
  •                   La toma de agua en ese punto afectaría negativamente el caudal del río Dajabón en la zona baja, perjudicando a 266 agricultores dominicanos y 125 agricultores haitianos que, gracias a un acuerdo de convivencia de larga data, mojan unas 880 hectáreas cultivables en territorio dominicano y unas 628 hectáreas en territorio haitiano. Me refiero al canal de riego conocido como La Línea.
  •                   El canal de marras pone en riesgo la Laguna Saladilla, un importante humedal de agua dulce protegido por la Constitución dominicana y la Ley Sectorial de Áreas Protegidas.
  •                   Nunca hemos sido informados sobre quiénes eran y son los principales beneficiarios del proyecto, lo que ha dejado una estela de suspicacia.

República Dominicana está de acuerdo con el uso justo y equitativo de los recursos hídricos binacionales, pero esto sólo puede darse desde la concertación y ejecución de proyectos que sean técnicamente viables, sin que afecten injustamente a ninguna de las dos naciones.

Desde Haití se ha lanzado la falsa acusación de que nosotros los dominicanos no queremos compartir las aguas binacionales. Esto es una falacia que además de errónea sirve para confundir a su propia población, y es totalmente injusta.

En primer lugar, el uso que los dominicanos hacemos del río Dajabón no solo no impide el aprovechamiento por parte de Haití, sino que, por el contrario, los sistemas de riego que tenemos aguas abajo del canal son aprovechados también por agricultores haitianos, como ya dije.

En segundo lugar, el río con la cuenca más importante del Caribe es el Artibonito, que también nace en territorio dominicano y desemboca en Haití. Nuestro país, hasta el momento, jamás ha hecho aprovechamiento de ese río, mientras que Haití sí lo hace para su mayor presa, llamada Peligre que tiene una capacidad de alrededor de 300 millones de metros cúbicos de agua, sin que el gobierno dominicano se haya opuesto nunca. Existen planes de una presa de generación eléctrica en el Artibonito, como anunciara el presidente Abinader, pero desde hace años hemos consultado debidamente a las autoridades haitianas.

Tercero, desde 1979 tenemos un dique binacional sobre otro río limítrofe, el Pedernales, mediante el cual ambos países utilizan las aguas de manera equitativa. Otro ejemplo de buena vecindad.

Este lunes y martes, la misión técnica de la OEA estuvo en el país, respondiendo a la solicitud del gobierno dominicano como parte del preámbulo a la oferta de mediación presentada por el secretario general, Luis Almagro. Nuestra argumentación principal ante esta misión ha sido que la República Dominicana respeta el uso justo y equitativo de los recursos hídricos compartidos, pero se opone al canal haitiano por varias razones.

En primer lugar, nunca hemos recibido una notificación oficial al respecto. Además, tenemos la certeza de que la construcción de un dique derivador en esa ubicación conllevará inevitablemente una tragedia ecológica y humana. Esto se debe al peligro de inundación, especialmente en Juana Méndez, así como al riesgo de que, durante períodos de sequía, el caudal del río sea tan reducido aguas abajo que afecte a todo el sistema de humedales al que pertenece la Laguna de Saladillo.

Ahora falta que Haití cumpla con su obligación de recibir a esa comisión y permitirle acceso a la obra y ofrecer la documentación técnica que la soporta. No sabemos si las autoridades haitianas van a parar el canal. Ni siquiera sabemos a

ciencia cierta si van a recibir a la comisión con la urgencia que amerita el momento. Pero si ocurre una tragedia, como hemos advertido, será responsabilidad de las autoridades haitianas asumir la obligación de reparar los daños que pueda ocasionar. Como ya dije, ningún Estado tiene el derecho de causar una catástrofe.

Señoras y señores,

Este episodio se ha convertido, injustamente, en una válvula de escape para el pueblo haitiano, por todas las frustraciones acumuladas de años de crisis y fracaso de sus élites políticas, económicas y sociales. República Dominicana se ha convertido en el blanco de las quejas y reclamos por problemas que en nada tienen que ver con nosotros.

Por otro lado, la prolongada crisis haitiana y su impacto desproporcionado sobre nuestro país también han provocado cansancio y frustración de este lado de la frontera. Esa frustración subyacente es la que ha empujado a sectores sociales de uno y otro lado a convertir un diferendo puntual en símbolo de una relación disfuncional. Esto se ha agravado porque solo uno de los gobiernos de la isla es efectivo, no tenemos interlocutor válido del otro lado.

Un primer resultado de este asunto es que como ha dicho el presidente Abinader, la frontera no será la misma. Este evento ha contribuido, junto a otras cosas, a que repensemos la relación con Haití.

Para bien o para mal, la relación con Haití ha sido un factor definitorio del Estado dominicano. Tanto por sus implicaciones históricas, como por la dependencia estructural de mano de obra barata, como por la errada narrativa internacional que se ha tejido sobre la relación entre uno y otro país, que ha pretendido desdibujar la imagen de República Dominicana como victimario de Haití.

Este debe ser un momento de inflexión también para nosotros. La porosidad de la frontera que facilita el delito impune exige un cambio radical. Es imperativo construir un nuevo orden fronterizo: democrático, justo e institucional. Esto implica romper con los nocivos intereses particulares a ambos lados de la frontera que se benefician del contrabando ilegal de mercancías, el tráfico de drogas, armas y migrantes, la trata de personas y otros delitos.

Deseamos un intercambio comercial vigoroso, justo y transparente con Haití y una inmigración segura, ordenada y regular. Pero tenemos que aceptar la realidad de que durante un buen tiempo el Estado dominicano llevará el mayor peso de la carga para tomar las medidas efectivas en la relación bilateral. Debemos avanzar hacia la ruptura de la dependencia de mano de obra barata en los sectores económicos factibles, invirtiendo, por ejemplo, en la automatización de los trabajos manuales.

Además de diversificar nuestros mercados de exportación en el Caribe, debemos avocarnos a priorizar los proyectos de desarrollo fronterizo, sobre todo los del Ministerio de Economía Planificación y Desarrollo. Es menester también fortalecer el marco jurídico para luchar contra el tráfico ilegal de migrantes y la trata de personas.

No podemos responder a este momento desde la frustración. Debemos realizar los sacrificios necesarios para tener una relación institucional, justa y transparente con Haití.

  1. Relación con Estados Unidos

La relación con Estados Unidos es decisiva para la nación dominicana. Es nuestro principal socio comercial, un aliado estratégico y el hogar de cerca del 20% de los dominicanos. Hemos fortalecido la cooperación bilateral como lo demuestran varios diálogos de alto nivel que destacan la confianza mutua y la cooperación. El ingreso de República Dominicana al programa Global Entry es un hito que refleja nuestro crecimiento institucional y la estrecha relación, abriendo oportunidades para el turismo, comercio e inversión.

A pesar de la pandemia, el comercio bilateral ha continuado su tendencia al rápido crecimiento en la última década. De acuerdo con datos del US Trade Representative, el comercio de bienes y servicios bilateral fue de 30 mil 500 millones de dólares el año pasado. De estas, nuestras exportaciones sumaron 13 mil quinientos millones de dólares, y las importaciones 17 mil millones de dólares. El mercado estadounidense representa el 50% de nuestras exportaciones.

El 2022 fue de hecho un año histórico para las exportaciones de bienes, alcanzando un récord histórico, que esperamos superar este año.

No obstante, hay ciertos riesgos que debemos tener presentes. En la actualidad existen por lo menos cuatro líneas de investigación del Departamento de Trabajo y del Trade Representative en relación con las industrias agrícolas dominicanas, que pudieran tener consecuencias adversas para las exportaciones a ese fundamental mercado.

También gravita la amenaza sobre el sector arrocero, en vista del cronograma de desgravación del DR-CAFTA. Las autoridades dominicanas analizan las vías para proteger la industria arrocera local, que es un tema de seguridad nacional por ser un elemento esencial de nuestra soberanía alimentaria.

La Alianza para la Prosperidad Económica de las Américas (APEP), lanzada el 8 de junio de 2022 por el gobierno de Estados Unidos es todavía un proyecto en ciernes. La APEP busca promover la competitividad, resiliencia y prosperidad compartida en la región, contribuyendo a superar la crisis actual. Esperamos que en la importante reunión del 2 y 3 de noviembre próximos, convocada por el presidente Biden junto a los once países que componen APEP surjan proyectos concretos sustentados por un financiamiento adecuado.

República Dominicana debería colocarse frente a APEP desde la Alianza para el Desarrollo en Democracia (ADD) promoviendo una agenda común. Esta alianza, cuyos miembros lo son también de APEP, sí tiene elementos concretos que mostrar que pueden ilustrar un camino de fortalecimiento de las cadenas de suministro.

La ADD tiene cuatro áreas, uno político, uno de cooperación, uno de comercio exterior y uno de medio ambiente. El cono de comercio exterior es el que lidera República Dominicana y es el más dinámico y el que más ha avanzado. Tiene como logros concretos los siguientes:

  •       un Consejo Empresarial de Alto Nivel que incluye a empresarios de los cuatro países, con sede en Washington;
  •       un acuerdo con Estados Unidos para analizar las cadenas de suministro estratégicas comunes y determinar puntos de sinergia. En la reunión de AACCLA del 23 al 25 de octubre se presentará en Washington el estudio que surgido de este cuerdo; y
  •       un diálogo consultivo entre el Consejo Empresarial de Alto Nivel, el sector privado estadounidense y los gobiernos de los países ADD y Estados Unidos para discutir cómo aprovechar esos puntos de sinergia. La primera ronda de ese diálogo se celebró el pasado 15 de septiembre.

Nuestro país como integrante tanto de ADD como de APEP está favorablemente posicionado para aprovechar las oportunidades que puedan surgir de estos encuentros, dados la ubicación geográfica dominicana, los ecosistemas de producción en nichos especializados, nuestra conectividad marítima y aérea, nuestros acuerdos de libre comercio, en particular con Estados Unidos, la afinidad política, la transculturación que existe entre nuestros países y la laboriosidad y capacidad de aprender del trabajador dominicano.

Deseo aprovechar para destacar la encomiable labor del ministro de Industria y Comercio, Víctor -Ito- Bisonó quien junto a su equipo ha liderado el trabajo en esta área de comercio exterior de la ADD.

  1. Proyección internacional de República Dominicana

En cuanto a la proyección internacional de República Dominicana, uno de los aspectos centrales ha sido el fortalecimiento de nuestras relaciones con los países del Caribe. Ampliamos nuestra presencia diplomática en la región, firmamos acuerdos en diversas áreas y participamos en reuniones de alto nivel.

Durante la novena Cumbre de las Américas en Los Ángeles, en junio de 2022 la vicepresidenta Kamala Harris convocó una reunión paralela con los líderes de CARICOM y República Dominicana. A esta reunión luego se agregó el presidente Biden.

Este encuentro le permitió al presidente Abinader establecer vínculos personales con varios de los líderes del Caribe. Este proceso continuó en septiembre de ese año en otra reunión en Washington y posteriormente en junio de este año en Bahamas. En estos encuentros se abordaron el acceso a financiamiento concesionario y la seguridad alimentaria y energética.

A partir de este acercamiento, hemos puesto en ejecución uno de los objetivos de nuestro programa de política exterior que es un acercamiento estrecho con CARICOM.

Así, en junio de este año, el presidente Abinader realizó un viaje oficial a Guyana con una amplia delegación de funcionarios y empresarios, donde además nos reunimos con la secretaria general de la Comunidad del Caribe (CARICOM), Carla Barnett.

Hemos mantenido varias reuniones de alto nivel con Cuba, Antigua y Barbuda, y Trinidad y Tobago a nivel de presidente, primeros ministros y ministros de relaciones exteriores.

Con Guyana, el estrechamiento ha sido particularmente fructífero, no solo abrimos una embajada en ese país y recibimos la visita recíproca del presidente Alí este agosto, sino que firmamos acuerdos en materia de energía, transporte y logística, entre otros. Fruto de estos acuerdos, República Dominicana recibirá un bloque de exploración de petróleo, participará en el establecimiento de una refinería y una petroquímica en ese país, y se creará un proyecto agrícola que encierra el potencial para la independencia en cuanto al maíz y la soja.

Igualmente firmamos acuerdos con Surinam en las áreas de energía y agricultura. El presidente Santokhi también visitó el país hace pocos días atrás.

Con Jamaica estamos viviendo los mejores años de nuestras relaciones bilaterales. Sólo para mencionar uno de los tantos logros con esta nación hermana, la semana pasada marcamos un hito significativo y un paso más hacia la consolidación de unas relaciones cada vez más estrechas, al firmar dos importantes acuerdos de colaboración en materia de seguridad y defensa, uno sobre búsqueda y rescate y el otro sobre la lucha contra el crimen organizado. Es importante destacar el establecimiento de la Cámara de Comercio de la República Dominicana en Jamaica (JAMCHAM-DR), lo que ha servido para motorizar las relaciones comerciales entre ambos países.

Como pueden ver, estamos superando la situación de vecinos indiferentes que manteníamos con los países del entorno, abriendo una avenida de oportunidades que rendirán sus frutos en el mediano y largo plazo. Un factor importante en esta estrategia ha sido el de la conectividad, sobre todo aérea, gracias al sector privado dominicano. Hoy día hay conexión con varios de los países del Caribe.

En el orden multilateral menciono la celebración en Santo Domingo de la XXVIII Cumbre Iberoamericana de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno. Durante esta cumbre, se adoptaron tres «Cartas» que son fundamentales para la región iberoamericana, enfocándose en temas como el medio ambiente, derechos digitales y seguridad alimentaria.

Ha sido un logro importante de nuestra diplomacia obtener la sede de la décima Cumbre de las Américas. Este importante evento regional, que se celebrará a fines de 2025, implicará la visita de todos los mandatarios de Las Américas. Nos permite proyectar nuestra voz en el hemisferio como un país estable, democrático y abierto al diálogo, e incidir en la construcción de la agenda regional.

El tercer eje de nuestra política exterior es la defensa y promoción de los valores democráticos y los derechos humanos. Por eso, quiero manifestar mi satisfacción de que otro de los principales logros diplomáticos de este año, tras un arduo trabajo colectivo, ha sido la elección de República Dominicana para ocupar un asiento en el Consejo de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas para el período 2024-2026.

Un logro histórico que refuerza nuestro compromiso global con los derechos humanos.

  1. Cierre

Señoras y señores,

Para fortalecer nuestra política exterior debemos seguir construyendo a partir de nuestra identidad nacional, seguir cuidando y fomentando la estabilidad política que disfrutamos, una ventaja de la cual no gozan muchos otros países de la región.

Nuestra nación se ha construido a si misma y a partir de si misma, con una identidad que empezó a forjarse hace más dos siglos y medio. Fraguada en las prédicas de Fray Antón de Montesinos; en el ideario de Duarte; en las vegas del Cibao; en los hatos del este; en las rebeliones de Enriquillo y de Lemba; en los sables de Luperón, Monción, Salcedo y Polanco; en las familias inmigrantes que han acrisolado la identidad dominicana; y en los fogones hogares dominicanos.

Esta cohesión ha sido un factor esencial en la formación social dominicana, que nos ha permitido superar exitosamente numerosos episodios adversos. Hemos tenido períodos de interrupciones en varios aspectos de nuestro desarrollo, con períodos de retrocesos, siempre superados.

A pesar de las ocupaciones, desastres naturales, y otras calamidades, el pueblo dominicano nunca se ha sentido victimizado. Todo lo contrario, siempre ha manifestado con orgullo el control de su destino, aún en las horas más oscuras.

El pueblo dominicano respeta los orígenes de todas las naciones; celebramos los episodios de grandeza que a través de los siglos han hecho avanzar la dignidad, la libertad y la humanidad de la persona. Pero el pueblo dominicano también respeta a las naciones por lo que construyen día a día, semana tras semana, mes por mes,año por año, década tras década. Es así como se forjan naciones prósperas, estables y democráticas.

Ese, señoras y señores, es el sendero que hoy transitamos. Mientras más consientes y orgullos de nuestros orígenes y más unidos frente al porvenir, mayor será la grandeza de nuestro futuro.

Muchas gracias.

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