El gobierno de Nicaragua cerró formalmente su embajada en la República Dominicana, una medida que profundiza la crisis diplomática bilateral desatada tras las recientes reformas constitucionales impulsadas en Managua.
La decisión se materializó luego de que ambas naciones redujeran su representación al nivel de encargados de negocios. El pasado 23 de julio, la administración dominicana llamó a consultas a su embajadora en territorio nicaragüense, esquema que se replicó de manera simétrica en la sede diplomática de Managua en Santo Domingo.
«El Ministerio de Relaciones Exteriores de República Dominicana toma nota de la decisión del gobierno de la República de Nicaragua de cerrar su embajada en Santo Domingo», indicó la cancillería dominicana a través de un comunicado oficial.
Origen del conflicto
Las tensiones bilaterales escalaron a raíz de las modificaciones impulsadas por el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, las cuales extienden el período presidencial de seis a siete años e inhabilitan políticamente a los opositores.
La normativa prohíbe competir en procesos electorales a quienes sean señalados por «actos golpistas, traición a la patria» o por promover sanciones e «intervención militar». Analistas internacionales apuntan que la enmienda busca consolidar la sucesión en el núcleo familiar del mandatario y de la copresidenta Rosario Murillo.
Paralelamente, la administración del presidente dominicano Luis Abinader ha endurecido su postura regional reciente, marcada también por la expulsión a mediados de agosto de nueve integrantes de la misión diplomática de Cuba y sus núcleos familiares, una medida ejecutada sin que se oficializaran las motivaciones específicas del retiro.




