viernes, 11 septiembre, 2026
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El luto de la diáspora: 27 dominicanos figuran entre las víctimas de los atentados del 11 de septiembre

Jaime Rincon
 Entre los casi tres mil nombres grabados en los parapetos de bronce que bordean las fuentes del Memorial del 11 de Septiembre, en el Bajo Manhattan, reposan las historias de 27 hombres y mujeres nacidos en la República Dominicana. Para la comunidad quisqueyana radicada en la Gran Manzana, la tragedia del World Trade Center no fue solo un acontecimiento que transformó a Estados Unidos, sino un golpe directo que enlutó a familias enteras tanto en los vecindarios neoyorquinos como en distintas provincias de la isla caribeña.
La mañana del 11 de septiembre de 2001, decenas de dominicanos cumplían sus jornadas laborales en el complejo financiero. Eran cocineros, camareros de banquetes, conserjes, analistas de datos, ingenieros y personal administrativo distribuidos entre las dos torres.
Un número representativo de las víctimas laboraba en los pisos superiores de la Torre Norte (1 World Trade Center), particularmente en el icónico restaurante Windows on the World (pisos 106 y 107), así como en oficinas de firmas financieras y de servicios de mantenimiento donde la fuerza laboral hispana era numerosa y esencial para el funcionamiento diario del distrito financiero.

Nombres con raíces en Quisqueya

El censo de compatriotas fallecidos abarcó a trabajadores de diversas edades y orígenes, originarios de comunidades como Baní, La Vega, San Pedro de Macorís, Santiago y el Gran Santo Domingo. Entre las historias recordadas figuran:

Personal del restaurante Windows on the World (Torres Gemelas)

  • Gregorio Manuel Chávez (49 años): Mesero.
  • José Nicolás de Peña (42 años): Mesero.
  • Manuel D. Patrocinio (34 años): Mesero.
  • Alejo Pérez (66 años): Mesero.
  • David Bartolo Rodríguez-Vargas (44 años): Ayudante de camarero.
  • Manuel Emilio Mejía (55 años): Cocinero.
  • Enrique Antonio Gómez (42 años): Cocinero.
  • Enemecio Darío Hidalgo Cedeño (51 años): Cocinero.
  • Nancy Díaz (28 años): Asistente de cocina.
  • Jaime Concepción (46 años): Asistente de cocina.
  • José Bienvenido Gómez (45 años): Asistente de cocina.
  • Jesús Ovalles (60 años): Empleado del restaurante.
  • Juan G. Salas (36 años): Empleado del restaurante.
  • José Nuñez (43 años): Empleado del restaurante.

Sector financiero, contabilidad y eventos

  • Victoria Álvarez-Birto (38 años): Empleada del departamento de finanzas de Marsh & McLennan.
  • Marlyn del Carmen García (21 años): Empleada de Marsh & McLennan Cos. Inc. (Piso 101, Torre 1).
  • Alejandro Cordero (24 años): Contador en Marsh & McLennan Cos. Inc..
  • Luis Jiménez Jr. (25 años): Contador de Marsh & McLennan.
  • Francisco Alberto Liriano (33 años): Asistente de vicepresidencia en CitiBank.
  • Joanna Vidal (26 años): Coordinadora de eventos en Risk Waters (estaba en el lugar por un evento de trabajo).
  • Pedro Francisco Checo “Frankie” (35 años): Empleado de Fiduciary Trust.

Mantenimiento, administración y seguridad

    • Sandra Álvarez (35 años): Secretaria en el piso 98 del World Trade Center.
    • Lizie Martínez-Calderón (32 años): Secretaria en Aon Insurance.
    • Francisco Eligio Bourdier (40 años): Agente de seguridad del Deutsche Bank en el World Trade Center.
    • Raúl Hernández (52 años): Supervisor de mantenimiento en Cantor Fitzgerald.
    • Manuel de Jesús Molina (32 años): Encargado de mantenimiento del World Trade Center.
Cada uno de ellos formaba parte de la extensa cadena de remesas y sacrificios familiares que define a la diáspora dominicana en Nueva York, la ciudad que alberga la mayor concentración de dominicanos fuera de su país natal.

Dos meses de duelo continuo para la comunidad

Para los dominicanos en Nueva York, el dolor del 11 de septiembre quedó entrelazado apenas 62 días después con otra catástrofe de proporciones masivas: el 12 de noviembre de 2001, el vuelo 587 de American Airlines, que despegó del aeropuerto JFK con destino a Santo Domingo, se estrelló en Belle Harbor, Queens. El siniestro dejó 265 muertos, de los cuales la abrumadora mayoría eran dominicanos o de origen dominicano que buscaban sobrellevar la conmoción de los atentados regresando a visitar a sus familiares.
Ese otoño de 2001 selló un período de luto inédito para los barrios de Washington Heights, El Bronx y Brooklyn. A más de dos décadas de los ataques, los nombres de los 27 dominicanos continúan siendo recordados en las misas anuales organizadas por líderes comunitarios y asociaciones de la diáspora, como testimonio del alto costo humano que la tragedia impuso a los trabajadores migrantes que ayudaban a sostener el pulso cotidiano de la ciudad.
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