domingo, 16 junio, 2024
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Paloma Bonilla, influencer en silla de ruedas

Jaime Rincon

A una gran parte de los dominicanos le suena el nombre de Paloma Bonilla. Desde hace un buen tiempo, su historia se ha difundido en diversos medios de comunicación. No es para menos. Ella lleva nueve años y medio atada a una silla de ruedas luego de que una mala práctica médica le afectara su médula y la dejara parapléjica (enfermedad que hace que la parte inferior del cuerpo quede paralizada y sin funcionalidad).

Esas mismas personas que la conocen y que la han apoyado, saben de su fortaleza para enfrentar este infortunio, así como de lo determinada que es para ofrecer los detalles de su amarga experiencia. Muchos la han ayudado en todos los sentidos a llevar su carga. Ahora bien, de lo que algunos no están enterados, es de que su situación es progresiva. “Ya tengo las piernas dobladas, me estoy atrofiando porque no estoy recibiendo las terapias que necesito para evitar esos daños colaterales”. Contar esta parte pone triste a la mujer que, si no te cuenta por todo lo que ha pasado, no podrías ni advertirlo. Es la fortaleza hecha persona.

“Cualquiera cree que es un cuadre que tengo con mis piernas dobladas, pero no es así, es que se me están doblando porque no he podido darme las terapias”. Trata de autoconsolarse diciendo que, aun así, lucha cada día para seguir hacia delante, más que por ella, por su hija de 16 años.

Espera por la justicia

Además de saber que no volverá a caminar, lo que más le afecta es la angustia a la que ha sido sometida por la justicia. Desde el año 2021 espera que le den respuesta sobre la apelación a la sentencia que condenó al ortopeda Fredis Reyes al pago de un millón y medio de pesos, cuando en realidad, la endemnización debe superar los 15 millones debido a que sufrió una discapacidad para toda la vida.

“Ha sido algo muy difícil. Primero, en el año 2017 el fallo fue a favor de quien me causó esta situación. Apelamos y, en 2019, él fue condenado sólo a pagar esa suma. Lo dejaron ejerciendo su profesión de manera normal, y siguió trabajando en el hospital Salvador B. Gautier, centro que también fue condenado junto al especialista”. El 2021 apelaron por un monto más justo.

De ser favorecida con la suma que, en realidad, corresponde, ella no tendría necesidad de trabajar tanto para poder sostenerse y costear los tratamientos y demás necesidades vitales para su estado. Tiene a su esposo, quien al igual que ella, no dispone de riqueza como para que Paloma se dé el lujo de estar un poco más descansada.

“A mí me encanta trabajar, no puedo estar tranquila, soy muy activa, pero por mi propia condición, tengo mis días, me pongo triste, me deprimo. No es fácil aceptar que ya esta es mi realidad. Mi lucha constante, más que por mí misma, la libro por mi hija, sé que ella me necesita”. Esta declaración consterna y llena de impotencia a quienes saben de las fuerzas que ella saca día tras día para seguir la batalla.

La muestra es que esta mujer se ha convertido en la primera influencer en silla de ruedas que es imagen de marca en el país. Precisamente para dar a conocer esta noticia fue que se acercó a LISTÍN DIARIO habiendo enviado la nota a otros medios, pero, entre hablar y hablar, salieron a flote sus temores ante la atrofia que la persigue y que amenaza con hacer más difícil la realidad de esta creadora de contenido que se ha destacado por hacer farándula rosa en su espacio (@Detodounpocord2).

Esta oportunidad de ser la imagen de productos, la hace feliz. No sólo porque signifique un logro personal, sino porque le permite convertirse en representante de personas con alguna condición o discapacidad, y que antes no eran tomadas en cuenta para tales fines.

La falta de justicia la “sentencia” a vivir entre la impotencia y la tristeza

Los ingresos de Paloma Padilla son inferiores a sus egresos. “Sólo en salud, sin alimentación, sin chequeos médicos de rutina y sin artículos para mi condición que se deben comprar cada cierto tiempo, y que son extremadamente caros, gasto de 30,000 en adelante. Ahora mismo necesita sustituir su cama, porque es de rigor que debe hacerse cada cierto tiempo, y no tiene el dinero para ello. En otra oportunidad, sus seguidores la ayudaron a comprar la que tiene. A ellos les agradece infinitamente.

Paloma admite que tiene personas que de vez en cuando, le donan medicamentos y cosas que necesita para poder sobrellevar su condición. “Pero de verdad, no me gusta dar lástima, no me gusta aprovecharme de mi condición para buscar ayuda, y más sabiendo que si la “justicia es justa, debe fallar a favor de la apelación de mis abogados para que en vez de un millón y medio, la condena sea de 15 millones, es una discapacidad de por vida que me provocó”. Lleva aproximadamente dos años esperando respuesta de la Suprema por la casación. Escucharla reafirmar este diagnóstico, duele.

Le causa impotencia saber que quien propició su situación esté muy campante desempeñando su carrera, como que nada ha pasado. “Más sabiendo que mis abogados, con pruebas, demostraron la negligencia, y que los jueces fallaron a favor mío. Es decir, que sí aceptaron que me dejó parapléjica, pero él sigue haciendo su vida”.

Un error que le ha costado muchas lágrimas

“Soy fuerte, y decidida, pero siempre lloro. Es una tristeza e impotencia que siempre está ahí, y que se agudiza cuando por mi condición o la falta de dinero no se puede hacer alguna actividad o gasto familiar”. No sólo ella sufre, su esposo y su hija viven en carne propia lo que le ha tocado vivir.

“Hay días que no quiero hacer nada, que no puedo seguir, y me obligo a pararme, a echar para adelante por mi hija, por mi esposo, y por mí porque sigo viva, aunque no es fácil, créeme, no lo es”. Su voz ‘habla’ de sus emociones internas. Sus piernas están totalmente atrofiadas “y cada día mi cuerpo se curva más para la derecha”. Todo esto la entristece porque por más que trabaje, no puede costearlas.

Estas carencias y la falta de empatía por parte del ortopeda, quien ella dice, afectó su médula cuando le hizo la cirugía, son las cosas que más impotencia le han causado en medio de su situación.

A Paloma le asusta el pasar del tiempo. De continuar con tantas carencias, es seguro que puede ir empeorando.

¿Estás confiada?

Esta interrogante se le hizo en alusión a su confianza en la justicia dominicana. Su respuesta fue: “No, porque si los jueces viendo cómo ese señor me arruinó la vida a los 25 años, todas las cirugías que he tenido, todos los gastos que lleva una persona viviendo con mi condición, y la sentencia fue 1.5 millones de pesos, fue como decirme en la cara que no valgo nada, y que no les importa lo que yo necesite para vivir porque eso no son sus problemas”. Es triste escucharla decir eso.

“A las 24 horas de él operarme me volvieron a meter a cirugía, sin autorización familiar, a la semana otra para sacar el tumor benigno, y al año de esto, en el Homs para sacar el tornillo que perforaba la médula, y el que estaba íntimamente con la arteria aorta, y poner el material adecuado, Titanium, ya que me mintió y me puso acero inoxidable”. Nada de esto ha valido la pena para los jueces, lamenta Paloma.

Lo bonito

A pesar de todo lo que ha sufrido, fue cuando quedó en sillas de ruedas que su hoy esposo le pidió matrimonio. “Nosotros éramos novios y tuvimos a nuestra hija, pero no separamos. Cuando volvió a mi vida, yo ya enferma, me apoyó, y por más que le dije que no era justo que se esclavizara conmigo y esta situación, dijo que sí, quería estar a mi lado, y nos casamos. Él es mi sostén”. Concluye con un dejo de emociones encontradas entre lo triste y lo bonito.

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